miércoles, 14 de julio de 2010

Confesión segunda: ....Y todo es vanidad

Entras al gimnasio y ahí está. Frente a ti. El ejemplar más hermoso que hayas visto en tu vida. ¡Qué ojos! ¡Qué labios! Ese cabello que parece ondear en cámara lenta con el aire del ventilador sólo con el propósito de excitarte. Esos músculos marcados por debajo de la camiseta. Un par de pectorales bien definidos. Hombros redondeados. Biceps que invitan a tocarlos. Triceps firmes. Un abdomen que alcanza a definirse aun cuando la camiseta no está lo suficientemente ajustada. Y las piernas....mejor no hablemos de sus piernas. Ni del punto de confluencia de éstas con la espalda. Y ese aire de suficiencia propia. De quien se sabe bello. De quien se sabe cabrón. De quien se sabe deseado. Quién sabe cuántas veces ha sido protagonista de las más sucias fantasías de más de uno de los tipos que en el gym se congregan. Quién sabe cuántos sueños húmedos, cuántas puñetas, cuántos orgasmos han sido dedicados a él. Lo ves. Te mira en reciprocidad. Y en sus labios (uff!! esos labios!!) se dibuja una sonrisa. No leve. Muy evidente. Te consideras el más afortunado del mundo en ese momento...
Es entonces cuando decides que ya ha sido suficiente tiempo de estarte contemplando a ti mismo al espejo y que es hora de empezar tu rutina de hoy. Porque papi no se nace, se hace =P

1 comentario:

HiperInteractiv dijo...

Me estaba abanicando, el rubor en mis mejillas iba 'in crescendo' y de pronto le das el efecto. Claro, era Narciso!

Tus post no pueden más que encantarme, y aunque ya casi no andes online, qué bien que aún te das el tiempo para que tus lectores disfrutemos de tu Blog.

Te mando un abrazo.